EL SACRAMENTO DEL MATRIMONIO
(Schillebeeckx 1964)
¿Qué es un sacramento?
Es un acto de culto, una plegaria sacramental donde Cristo intercede a título principal, plegaria a la cual el Padre responde en Cristo enviándonos el Espíritu Santo.
Los siete sacramentos.
Cada sacramento nos hace participar de una manera especial en el misterio de Cristo: En el misterio de su filiación, por el bautismo; en el misterio de la instauración como Señor y como quien envía el Espíritu Santo, por la confirmación; el misterio de la redención como misericordia inagotable, por la confesión; en su ofrenda redentora, sin más, por la eucaristía; en la plenitud de la escatología que vence la muerte, por el sacramento de los enfermos; en su misterio de su sacerdocio; en el misterio de su unión con la Iglesia, por el matrimonio.
El Sacramento del matrimonio
Es un misterio que asume toda la vida y realiza una comunidad mucho más amplia que la comunidad sexual, que crea un estado que es la sustancia y la base de la comunidad eclesial, una especificación más avanzada del sacerdocio universal de los fieles conferido por el bautismo y la confirmación.
Efectivamente, casarse es un acto del sacerdocio real de los bautizados. Por ello es intrínsecamente un acto eclesial. Cristo es de este sacramento, como en los demás sacramentos, el ministro principal, pero subordinado a Él el hombre y la mujer son cada uno el uno para el otro ministro del sacramento. Es en y por este acto del don recíproco del hombre y de la mujer es sacramento que Cristo realiza.
No se puede, sin embargo, imaginarse las cosas como si la administración de este sacramento estuviera enteramente en el poder de los esposos. No sin razón, la liturgia oriental insiste mucho más fuertemente que la liturgia occidental en el papel del sacerdote. El matrimonio no es solamente una cosa de los esposos sino es una cosa de toda la Iglesia.
Lo es ya desde el hecho que se trata de un matrimonio de bautizados, miembros de la Iglesia. Y esto es la razón porque la Iglesia aún hoy en el derecho canónico prevé el caso de matrimonios cristianos sin la presencia del sacerdote.
Sin embargo, San Ignacio de Antioquía ya ha señalado que convenía que los esposos deberían contar con la aprobación de la jerarquía. Esto indica que, en el matrimonio, el sacerdote interviene como representante de autoridad de la Iglesia. Es verdad que los esposos son solo ellos los ministros sacramentales. Ellos mismos se administran el sacramento en virtud del poder que es el resultado de su consagración bautismal. Sin embargo, el sacerdote, cumple con un acto de jurisdicción eclesiástica, lo que significa la estola que el sacerdote coloca sobre las manos unidas de los esposos. De ahí la Iglesia da a los esposos el poder cumplir este acto sacramental, que, en razón de su contenido, compromete igualmente el futuro de la comunidad de la Iglesia.
Eso se justifica también cuando consideramos el matrimonio de los bautizados como una misión divina, una argolla en la cadena de la historia de la salvación. En el misterio de la Iglesia, esta misión es siempre mediatizada por el sacramento por una misión eclesial de la cual el sacerdote es el representante.
De diversos maneras y varias veces se ha sugerido que, por su nacimiento de padres cristianos, el niño entraría inmediatamente en el estado eclesial del catecumenado lo que implica una relación objetiva con el bautismo a recibir. Desde antes de su bautismo este niño pertenece a esta pequeña comunidad de fe que es la familia cristiana. ¿Acaso es esto no una definición del catecumenado? El matrimonio cristiano orienta ya los hijos nacidos de este matrimonio hacia la incorporación a la Iglesia, el bautismo.
La Eucaristía tiene una relación muy especial con el matrimonio porque es la donación de Cristo esposo a su esposa la Iglesia. De ahí que la celebración del matrimonio tenga su lugar en la Misa.